YRYBUCUÁ, San Pedro. — Encontrar nuevas oportunidades en el campo fue el desafío que llevó a Richard Santa Cruz Armoa, docente y trabajador rural de la comunidad Calle San Vicente Vy’a Renda, distrito de Yrybucuá, a incursionar en el cultivo de mamón. Lo que inicialmente nació como una prueba hoy se convirtió en una actividad productiva con resultados concretos.
A poco más de un año de haber iniciado la plantación, el joven productor asegura que ya logró comercializar más de 20.000 kilos de mamón, posicionándose como uno de los referentes de este rubro en la zona.

La decisión de apostar por este cultivo surgió ante una problemática frecuente entre los pequeños productores: los bajos precios de varios productos agrícolas tradicionales. Frente a esa realidad, Santa Cruz Armoa buscó una alternativa que pudiera generar ingresos adicionales y contribuir al sostenimiento de su familia.
“Soy labriego y a la vez docente. Como muchas veces las producciones de los pequeños productores no tienen buen precio, decidí probar con el mamón”, explicó.
Un proyecto que comenzó como una apuesta
Según relató, el cultivo requiere aproximadamente un año para comenzar a producir, pero los resultados obtenidos superaron sus expectativas. Actualmente, su producción se comercializa por kilogramo y encuentra compradores entre supermercados, revendedores y comerciantes que llegan desde distintos puntos.
Uno de los aspectos que destaca el productor es el manejo que realiza en la plantación, priorizando una producción más natural y evitando el uso intensivo de productos químicos y fertilizantes.
Para Richard, la experiencia representa una muestra de que existen alternativas dentro de la agricultura familiar que pueden generar ingresos cuando se combinan planificación, dedicación y perseverancia.
El trabajo familiar, una pieza fundamental
Detrás de la producción también existe un importante esfuerzo familiar. Mientras Richard cumple con sus responsabilidades como docente, sus padres permanecen al cuidado de la plantación.
Al regresar de la escuela y durante sus momentos libres, se incorpora nuevamente a las tareas del campo.
“Mientras yo voy a la escuela, mis padres se quedan a cargo y, ni bien vuelvo y en mis horas libres, le metemos con todo”, comentó con satisfacción.
Este sistema de trabajo permitió mantener el cuidado permanente de la plantación y acompañar el crecimiento del emprendimiento desde sus primeros pasos.
Una alternativa para otros pequeños productores
El caso de Santa Cruz Armoa también pone en evidencia el potencial de diversificar la producción agrícola en el departamento de San Pedro. Un cultivo todavía poco desarrollado entre los productores de la zona puede convertirse en una alternativa comercial cuando existe un mercado dispuesto a comprar y una producción que mantenga buenos estándares de calidad.
Para Richard, el camino no estuvo exento de desafíos, pero la experiencia le dejó una conclusión clara: apostar por algo diferente y trabajar con constancia puede abrir nuevas oportunidades en el campo.
Su historia se suma así a la de otros jóvenes rurales que buscan permanecer y crecer en sus comunidades mediante la agricultura, incorporando nuevos rubros a la producción familiar y demostrando que el campo también puede convertirse en un espacio para emprender e innovar.









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